Dentro del entendimiento humano,
dentro de nuestra lógica racional,
existen conceptos impuestos
que le dan sentido a nuestro transitar.
configuran nuestras cosmovisiones, nuestros comportamientos
e incluso nuestro sentir,
haciendo de nuestras vidas una sucesión
de evoluciones del lenguaje y su fluir.
Así con las palabras describimos el mundo,
así también lo tildamos de bueno o de malo,
y gracias a ello vivimos de un bienestar
que esperamos sea eterno,
o que por lo menos dure lo suficiente
y que nos permita estar en paz.
Pero las adversidades están y estarán presentes
(la historia de la humanidad da cuenta de ello)
en la vida del ser humano.
El reto es y seguirá siendo el mismo de antaño:
adaptarse al medio y seguir disfrutando,
porque ¿creen ustedes que para sufrir hemos nacido?
o ¿hemos nacido para torturar, castigar nuestro organismo, nuestra mente
con conceptos de martirio?
Entonces la pregunta que se devela ante este misterio
podría ser ¿qué hacer frente al tormento que provocan tales conceptos?
Someterse, rebelarse, liberarse ante un léxico denigrante y decadente.
Aún se me vienen a la mente las enseñanzas de un antiguo maestro;
aceptar la carga impuesta en la soledad del desierto,
como si fuéramos camellos o
romper fieramente los designios establecidos con la fuerza de un yo quiero.
O finalmente vivir y disfrutar de la inocencia de un duro y difícil juego.
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