Desperté y vi como rayos y truenos ahuyentaban a los animales,
Sentí la fría lluvia correr por mi cuerpo,
Vi, como la luna daba paso al sol, y comprendí tanto los periodos climáticos como el ciclo del día y la noche.
Busqué mi alimento por diversos lugares en compañía de mi mujer y mis hijos.
Por las noches un gran fuego calentaba nuestros cuerpos y un sabroso animal recomponía nuestras energías.
Piedras y huesos fueron mis primeras herramientas con las cuales me abrí paso por el mundo.
Conocí el dolor y el sufrimiento por la desaparición de mis cercanos,
Luego comprendí esto y le llamé muerte al sueño interminable.
Cavé la tierra y enterré allí a mi familia para que los animales no osaran comer sus cuerpos muertos y para volver allí, al lugar donde cayeron, muertos, muertos por las adversidades de la vida.
Seguí mi camino guiado por el hambre y el sueño, conocí a hombres y mujeres que buscaban lo mismo y decidimos caminar juntos por la naturaleza interminable, y que a veces no podíamos dominar ni prever.
Sentí la soledad y el peso del recuerdo, pero me alegré ante la presencia femenina,
Y volví a soñar bajo el calor del fuego.
Recuerdo que construimos hogares y domesticamos a algunos animales, y que también tuvimos guerras con pueblos poderosos.
Sentí nuevamente el dolor de la muerte, pero me levanté con la convicción del sol renaciente que quemaba mi pecho descubierto bajo el sonar de los tambores antes de empezar otra batalla.
Vengamos nuestras muertes y ensanchamos nuestras fronteras.
Por ese entonces, sólo queríamos vivir seguros y de una manera óptima, acorde a nuestra vitalidad.
Seguimos explorando el paisaje inhóspito y surcamos los mares en busca de tierras fértiles que dieran a basto las exigencias de nuestros fuertes y vigorosos hijos.
Ya, un anciano, me senté a relatar mis historias a mis nietos, juntos construimos el inicio y los finales de nuestra sabiduría, y concluimos que las existencias humanas están y seguirán estando plagadas del dolor, pero que bajo el calor del hogar y de la aventura y del riesgo nos hacemos más fuertes, y esto nos permite volver y seguir soñando con nuestro bienestar, con nuestra felicidad.
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