Yanet decidió irse a dormir temprano la tarde del pasado miércoles. Sentía que nada de lo que hiciera en su casa podía brindarle bienestar y satisfacción, por lo que se acostó vestida en su cama matrimonial, pensando que así recobraría sus energías para no volver a faltar a su trabajo. Olvidó colocar la alarma a su despertador aunque no le hubiese sido posible percatarse de ella producto de los somníferos que le suministró a su sistema nervioso la tarde anterior.
Con una mezcla de cansancio y rabia se dirigió a la ducha, sabiendo si, que esta vez su jefe la regañaría. Permaneció unos veinte minutos en el agua tratando de que su mente se animara mientras jabonaba su cuerpo, pero la frialdad del agua hizo que interrumpiera su aseo ya que el gas del baño se había terminado. Todo le parecía estar en su contra y percibía que nada le resultaba bien desde que su marido la abandonó.
Su ausencia y el peso del recuerdo la mantenían sumida en una gran crisis emocional, en la cual desde la tristeza pasaba rápidamente a la rabia y la melancolía, y de esta a la indignación.
Olvidó desayunar y elegir la ropa más sensual ya que ahora no existía la motivación de seducir a su esposo en las horas de almuerzo en el restaurante céntrico al que solían ir juntos desde que se casaron. No le asombró que el azar le fuera desfavorable al encontrarse con el ascensor averiado, por lo que tuvo que bajar dificultosamente los veinte pisos del departamento al que recientemente se habían cambiado ella y su marido. “Buenos días señora Yanet”, fueron las palabras corteses que el conserje brindó a esta, pero ella no respondió ya que corrió de prisa hacia el estacionamiento en busca de su automóvil con el fin de llegar pronto a su lugar de trabajo. Esta vez si reaccionó airada al percatarse que en su cartera no se encontraban las llaves de su Peugeot, pero recordó el ascensor con desperfectos técnicos y no dudó en pedirle al conserje que buscara las llaves en su departamento, las cuales se encontraban en la biblioteca de su marido.
Casi cinco minutos más debió esperar Yanet que volviera el gentil conserje de su travesía hasta el piso veinte, y al verlo llegar esta vez se mostró más amable con el trabajador, que la primera vez que lo vio aquella mañana.
Tampoco le sorprendió que sus deseos de escuchar algún trozo de alguna canción romántica con el fin de alegrarse se viera frustrado también por haber olvidado la radio del automóvil. Pero ya sabía que era lo que la alegraba, y eso era pensar en el amor que vivió junto a su marido. Unos metros más allá, se detuvo en el semáforo que indicó para ella luz roja, y decidió comprar un periódico a una joven que en esa esquina trabajaba, para distraerse y leer su signo zodiacal en el horóscopo cuando estuviera en su oficina.
Al llegar a la empresa en la que prestaba servicios de secretaria del subgerente no olvidó bajar de su coche el informe que debía entregar ese jueves a medio día y tampoco el periódico, el que guardó en su cartera.
Sus compañeras de piso la saludaron como quien saluda a un enfermo a quien se le ha diagnosticado una enfermedad mortal, celosas de no presentarse pesimistas y tampoco demasiadas eufóricas, puesto que se habían enterado de la ruptura de Yanet. Ya en su oficina no pudo con la pena al ver la fotografía en la que aparecían ella y su marido en la inolvidable noche de luna de miel que pasaron en Cancún, pero fue Laly, su mejor amiga en la empresa quien le hizo olvidar el dolor mientras le servía una taza de café y le contaba acerca de la ropa interior femenina que estaba en oferta en el nuevo mall.
Acordaron ir juntas a aprovechar la oferta al terminar sus jornadas laborales y luego volvieron cada una a sus respectivas ocupaciones, por lo que Yanet tuvo tiempo para sacar el periódico de su cartera y revisar el horóscopo. Desfavorables fueron las noticias en el plano sentimental pero que hacían énfasis en el rol activo que debía tomar la persona signo piscis en su relación amorosa. Un tanto decepcionada de los designios que le presentaban los astros se mostró Yanet, pero comprendía que debía hacer algo para recuperar al amor de su vida, ya que iniciativa no le faltaba, sólo debía pensar fríamente según le aconsejaba el horóscopo de aquel día jueves.
Como ya había intentado acercarse a Mario, su marido, hablando con él personalmente y vía telefónica, no sabía con exactitud cómo recuperaría su amor, pero se sentía bastante motivada por lo que rió de alegría, como quien sabe en el fondo de su corazón que conseguirá su objetivo.
El reloj de su oficina sonó como de costumbre al dar las 12 por lo que Yanet miró su espejo y se arreglo el cabello, pero sus ojeras no le parecieron bien y tuvo que ocultarlas mágicamente con sus polvos de maquillaje, ya que vería a su jefe directo y debía dar una buena impresión y de paso excusarse por su ausencia el día anterior y también por su atraso aquel jueves. Por suerte el subgerente se encontraba de buen humor y no la amonestó verbalmente, sólo le aconsejó ver un especialista para que pudiera superar el duelo que ella estaba viviendo en su interior, palabras sinceras de preocupación que Yanet agradeció sonriendo, puesto que ya había decidido luchar, sin importar las consecuencias, por tener de vuelta en casa a Mario mientras salía de la oficina en dirección al casino para ir al almorzar junto a Laly y el resto de sus compañeras.
Juntas conversaban acerca del final de la telenovela del canal nacional, mientras saboreaban el delicioso plato que el casino sirvió ese día. Fue Marta Elena, quien al parecer no se encontraba al tanto de la separación de Yanet, quien le preguntó por su marido. El tema ya estaba en el tapete y a Yanet no le quedó más que hacerles ver a sus compañeras que ella ya había tomada una firme decisión de recuperar a su marido. Laly le hizo ver su preocupación al notar en el rostro de Yanet una sonrisa malévola y de paso le preguntó qué es lo que pensaba realizar para tener nuevamente a Mario durmiendo bajo su techo, pero Yanet no supo que decir y les pidió consejos. Una de ellas le recomendó seducirlo al momento en que Mario acudiera a buscar la ropa que aún le quedaba en el departamento. Otra le aconsejó seguirlo y saber qué es lo que hacía y donde estaba viviendo. Finalmente Laly le sugirió hacerle un trabajo de brujería con el fin de tenerlo sólo para ella bajo un poderoso amarre que unos amigos haitianos realizaban por ciento cincuenta mil pesos, a demás de garantizar su efectividad.
Todas miraron a Laly sorprendidas de sus palabras y también se mostraron escépticas y temerosas de los efectos y consecuencias que tenía la magia negra, pero yanet vio la oportunidad más grande que haya tenido en su vida y le pidió a Laly afinar los detalles para el encuentro con los brujos.
Ni siquiera recordó que junto a Laly irían esa tarde al mall y terminadas ya sus labores aquel jueves, se dispuso volver a su hogar, esta vez más contenta de lo que estuvo esa mañana. Mientras iba en su vehículo a toda velocidad cantaba una hermosa canción de amor, y su semblante dejaba ver una fuerte ilusión por rehacer su matrimonio y hacer feliz a su marido.
Estando ya en su departamento vio en la contestadora de su teléfono dos llamadas provenientes del celular de Laly, y le pareció extraño que ella no la llamara a su celular, y al revisar este notó que Laly si la había llamado, comprendiendo que su fuerte y elevado canto no le permitió escuchar los llamados, por lo que llamó rápidamente a su compañera para saber qué es lo que deseaba. Laly necesitaba que Yanet tuviera para el día viernes una foto de su marido o cualquier prenda de él que haya estado en contacto directo con alguna parte de su cuerpo para realizar el tan esperado amarre.
Teniendo en cuenta cuales eran los elementos indispensables para realizar el mencionado trabajo, Yanet se dirigió a su habitación y buscó en su armario la ropa que Mario utilizó en el juego de tenis que jugaron el fin de semana antes de su partida. También dejó junto a la ropa la foto en que Mario lucía su traje de bodas, la cual se encontraba sobre el velador, fotografía que tenía un gran valor emocional para ella.
Conciente de haber dejado todo lo necesario preparado para el siguiente día, Yanet decidió irse a dormir, esta vez bastante más animada que la noche anterior, puesto que ahora su mente estaba poseída de una gran ilusión que le hizo olvidar la ausencia de su marido y le permitió conciliar rápidamente el sueño.
Llegada la mañana Yanet se dirigió velozmente a la ducha, para luego proseguir con un gran desayuno que la llenó de energía y esta vez más atenta, no olvidó la radio de su automóvil. Ya en dirección a la empresa ansiaba que transcurrieran rápido las horas y no dudaba en pedir autorización a su jefe para retirarse más temprano de sus labores, pero recordó que durante el día, Laly le confirmaría la hora en que estaba prevista la cita con los haitianos. No se equivocó al pensar que esta fuera fijada para el anochecer en el momento en que Laly se lo dijo en su oficina y de paso le preguntara por los elementos requeridos para iniciar el contacto.
Sin más sucesos de relevancia para la vida de Yanet siguió transcurriendo aquel día viernes en la empresa en que trabajaba, salvo ese aire de triunfo que ya comenzaba a respirar y que le permitía ver el futuro con ojos de una verdadera hembra dominadora y lucir una gran sonrisa en su maduro rostro. De esta manera finalizaron sus actividades en la oficina y con una agilidad inusual en ella arregló todas sus pertenencias más lo requerido por los hechiceros haitianos que le aseguraban traer de vuelta a su vida a Mario. Como Laly la esperaba en el estacionamiento de la empresa, Yanet sólo tuvo que dirigirse a su automóvil y seguir a su amiga quien la guiaría hasta la casa de los brujos.
Mientras se alejaban del centro de la ciudad nuestra protagonista se preguntaba en su interior cómo sería la casa de los haitianos, que según le comentó Laly quedaba en los suburbios de la capital, pensando que debía ser un tanto sombría ya que tenía como referente en su mente sólo las casas de los brujos de los cuentos para niños que tuvo la oportunidad de leer en su infancia. Finalmente llegaron a un sector que únicamente se encontraba iluminado por un foco que a ratos prendía y que cuando Yanet vió que este generaba en el piso unas sombras espeluznantes, le dieron la impresión de estar en otra dimensión paralela a la real, por lo que Laly debió cogerla del brazo y guiarla por la oscuridad hasta que dieron con la casa número 14354 en donde la esperaban los haitianos. Cuando llamaron a la puerta se sorprendieron al ver que quien las fue a recibir era una joven mujer que no superaba los veinte y cinco años y que según lo contado por Laly a Yanet era la hechicera que realizaría el amarre, Yanet pensó que sería una bruja mayor y con más experiencia, pero ni siquiera pensó en desconfiar del poder de la hechicera y confió plenamente en lo que ella le aseguró conseguir mientras caminaban por el pasillo de la casa. Ya en el interior del hogar de los haitianos, las oficinistas se sintieron un poco mareadas producto del humo de unos raros inciensos que habían en el lugar y su asombro aumentó aún más puesto que conocieron a un hombre que se presentó como el poderoso maestro Sherim, conocedor de las milenarias técnicas de aniquilamiento, alejamiento y amarre haitianos. El maestro Sherim preguntó quién de las dos era la mujer que se beneficiaría con el amarre, a demás de pedirle los elementos requeridos para iniciar rápidamente el contacto. Yanet más feliz que nunca le preguntó al brujo si prefería una foto o alguna prenda de su marido, a lo que el brujo contestó que daba lo mismo, ya que su poder era infalible y el hechizo no fallaría.
Los hechiceros empatizaron con Yanet y le prometieron informarle acerca del progreso del amarre vía telefónica, lo que provocó una sensación de seguridad en ella.
Junto a Laly decidieron regresar a sus hogares, puesto que ya habían cumplido lo que se habían propuesto.
Yanet sólo debía esperar que el contacto se iniciase y el correspondiente llamado de los brujos quienes le informarían sobre los avances del trabajo y de paso, del paradero de su marido.
De esta forma Yanet esperó una semana hasta que los haitianos le comunicaron sobre el amarre, y también se enteró que Mario convivía con una mujer más joven que ella, pero que pronto la alejarían de la vida de su hombre y que él volvería rendido a sus pies.
Yanet supuso que Mario la había dejado por otra mujer, pero esto no le importó puesto que confiaba plenamente en las palabras del maestro Sherim quien le aseguró tener a Mario nuevamente sólo para ella.
De esta manera transcurrieron las semanas y los brujos trabajan en la vida de Mario, primero tratando de alejarlo de su nueva pareja, para esto recurrían a sus técnicas de provocarle vómitos cuando él estuviese comiendo junto a su pareja, inhibiéndole el deseo tanto con desconcentraciones como también con debilitamientos energéticos, que según la estrategia de los brujos provocaría la ruptura. Otra de las tácticas empleadas por los hechiceros era tratar de provocarle desconfianza en su mujer, para ello le generaban sueños en los cuales su pareja mostraba intenciones de dañarlo.
Todo esto no desalentaba a Mario, quien se encontraba profundamente enamorado, al igual que su pareja, quien si lo comenzó a notar extraño y creía saber qué es lo que lo aquejaba. Mario estaba convencido de que era víctima de un trabajo de brujería y sabía con exactitud que tras el, estaba la mano de su ex esposa. Los brujos llamaron a Yanet y le dijeron que Mario se dirigía hacia su casa con la intención de matarla, ya que él sabía acerca del trabajo que le estaban realizando. Yanet asustada salió de su casa y se dirigió a la casa de Laly para esconderse allí, puesto que sabía que Mario era un hombre muy agresivo y en su casa ella corría peligro.
Mario, en su vehiculo, iba a toda velocidad por la carretera mientras gritaba fuertemente y maldecía a Yanet. El maestro Sherim, desde su casa, tomó la decisión de provocarle temor a Mario con el fin de impedir que le hiciese daño a su jefa, mientras clavaba su cabeza con las agujas del vudú, pero no fue preciso ya que clavó un ojo de Mario y lo hizo perder el control de su vehiculo, el que se estrelló junto a un camión que se dirigía en sentido contrario. Mario había olvidado colocarse el cinturón y su cuerpo quedó destrozado, al igual que su automóvil. Yanet al enterarse vació el frasco de pastillas que había en el botiquín y se tomó veinte de ellas. Cuando Laly fue a verla, ya era demasiado tarde, Yanet murió intoxicada.
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