Aunque han pasado muchos años desde aquel sobrecogedor descubrimiento en casa de mis antiguos vecinos, todavía me quedan dudas acerca de la infructibidad de aquel misterioso limonero que se encontraba en casa de María, Marta y Alejandra.
Por aquel entonces yo no mantenía relaciones comunicativas con las que fueron mis antiguas vecinas, sólo y contadas veces me dirigía a ellas con un cordial y respetuoso saludo matutino, que poco a poco nos fue estrechando en una relación más íntima.
Recuerdo a ver asistido a numerosas fiestas en casa de las Norambuena y fue a allí en donde vi por vez primera al mencionado limonero. Pregunte en contadas ocasiones el por que de su infertilidad, pero las mujeres no sabían contestarme de modo de tranquilizar mis inquietudes sobre el extraño limonero que no daba limones en las temporadas que debía hacerlo. Pensaba en mi interior que se debía al uso de los pesticidas, tan de moda por ese entonces en la capital, y las numerosas plagas que azotaban a los árboles frutíferos durante las temporadas de calor.
Otra de las conjeturas que se vinieron a mi mente fue que el limonero era víctima de numerosas orinadas por parte de Jason, la mascota del hogar, quien como un acto de costumbre solía realizar sus actividades excretoras en aquel pobre limonero.
También fui testigo en contadas ocasiones en las que en la casa se realizaban fiestas y los invitados, la mayoría alcoholizados y también por estar ocupado el único baño de la casa, recurrían al ahora baño-limonero. Pero esto tampoco daba pie para que mi raciocinio se tranquilizara, sospechaba que debía haber otro motivo por el cual el limonero no diera sabrosos frutos, en vano fue recurrir a un viejo botánico del sector y preguntarle acerca de las posibles causas que debían ocurrir para que un árbol frutal no diera sus frutos. No hallé respuesta satisfactoria. Así siguieron pasando los años y vi cómo Alejandra conoció a un hombre que más tarde pasó a ser su esposo, y que terminó por irse a vivir junto a las tres mujeres. No habrán pasado cinco meses y ya la simpática Alejandra se encontraba esperando un bebe de Rodrigo por lo que tomaron una decisión quizás conveniente, la de ampliar la casa en la parte posterior con el objetivo de construir allí la habitación de su futuro hijo. Para esto debieron decidir firmemente extraer el infértil limonero del patio y para eso necesitaban tanto herramientas y manos fuertes de hombre, fue allí en donde pude presenciar lo que aún me queda rondando en mi ya por estos años, senil mente.
Conseguí un chuzo, una pala, un serrucho y unas cuantos sacos para extraer la tierra. Rodrigo comenzó con lo relativo al podado, lo cual nos brindaría menos trabajo a la hora de la final caída del limonero. Seguimos con la excavación alrededor del tronco del árbol y notamos que la tierra presentaba varios elementos que nos dificultaban nuestra labor, por lo que tardamos un poco más de lo que teníamos presupuestado. Para calmar nuestro cansancio y nuestra sed, Marta la más joven y bella de las hermanas Norambuena, nos trajo a mi y a Rodrigo una helada y sabrosa cerveza, que por esas horas de la tarde nos alivió un poco el apesadumbramiento de que éramos víctimas.
Proseguimos con el que era nuestro objetivo y nos fuimos asombrando al ir descubriendo que junto a las fuertes raíces del limonero se encontraban enterrados restos óseos de canes que al parecer habían vivido antiguamente en casa de las Norambuena, y eso nos dio motivo para reflexionar acerca de las antiguas costumbres que tenían los antiguos inquilinos de aquella futura remodelada casa.
El chuzo fue entrando en la tierra cada vez sin menos esfuerzo tanto de mi parte como de Rodrigo, y vimos como comenzó a debilitarse aquella base del árbol que tanto nos había costado encontrar, decidimos cortar por la mitad el tronco del árbol con el fin de tener menos posibilidades de riesgo cuando cayera definitivamente el limonero. Todavía recuerdo nítidamente las palabras y el aspecto de asombro de los presentes en el momento del hallazgo. Para todos fue algo impactante el haber encontrado una especie de juguete infantil que permanecía casi íntegro, de no ser por los múltiples gusanos y hormigas que carcomían lo que parecía ser parte de su cuerpo. Era algo como un muñeco de niñas con aspecto y silueta femenina, que pasados los días nos enteramos era un muñeco vudú, algo que antiguamente se utilizaba para hacer daño a la gente, según las creencias más populares de la población de los países del tercer mundo.
Divagamos varias semanas tratando de establecer quien había sido el artífice de aquella obra de costurería, preguntando a las personas más antiguas de nuestro barrio. La señora Mirta, mujer que por esos años rondaba los setenta años, nos relató una historia que nos disipó algo las inquietudes acerca de aquel muñeco y sus malignos poderes. Nos contó que aquella casa había sido habitada por unas personas de origen haitiano pero que habían durado poco en aquél lugar, según la señora Mirta, por no haberse adaptado a las condiciones climáticas, motivo por el cual, abandonaron pronto aquella residencia.
Investigando más por mi cuenta pude adentrarme en los fundamentos de la magia negra, para aquello recurrí a viejos libros relativos al tema en la biblioteca de mi ciudad, hasta que fui compenetrándome con el fin por el cual fue creado aquél roñoso muñeco.
Especulé varios días hasta que mi joven y rigurosa mente cedió a la tranquilidad, y me conforme con lo que creía ser una hipótesis seria acerca de aquel, en apariencia inofensivo objeto. Conversando con gente del barrio, todos mayores que yo, pude enterarme de que por los años en que los haitianos ocuparon la casa, muchas cosas extrañas ocurrieron, entre ellas, la extraña y misteriosa muerte de doña Elvira, quien antes de perecer, padeció de una demencia que terminó por aislarla del resto de los pobladores. Todos creyeron normal la enfermedad y muerte de aquella miserable mujer, pero yo comprendí el motivo de su locura, yo sabía que los haitianos no se habían retirado de aquella casa por el clima, yo sabía que aquel muñeco era un maldito trabajo de brujería, yo comprendí que doña Elvira había sido víctima de un aniquilamiento con magia negra haitiana y que su retirada de aquel lugar coincidió con el simbólico entierro del muñeco en el lugar desde donde sacamos el limonero. Ahora yo ya un anciano, cansado de tanto ajetreo intelectual, sólo me conformo con pensar que el pobre limonero no dio sus frutos por que cerca de sus raíces y en medio de la tierra yacía enterrada simbólicamente la pobre y desdichada doña Elvira.
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